Encontrando los pasos

Como católicos, hemos de elegir en algún momento de nuestras vidas el camino por el cual entregaremos a Dios toda nuestra existencia y nuestras fuerzas, en busca de la extensión del Reino de Dios en todo el mundo. Tan inevitable y necesario como lo es la muerte y resurrección del Hijo del Hombre.

Muchas veces esta decisión nos tiene sin mucho cuidado. Pasamos por el camino de la vida como si todas las respuestas se fueran a dar

como por arte de magia, como si tuviéramos certeza de las desviaciones y cruces que hemos de elegir. Pero la vida no es cuestión de certezas, como se dijo en alguna parte.

Dios siempre tiene la iniciativa de llamarnos, pero nos deja la elección de responder y seguir por la propuesta de vida que nos esta haciendo. Y, !ay!, cuantas veces nos negamos a darle una respuesta firme. El ruido del mundo es tan grande, y a veces nosotros tan adictos a el, que la voz calmada, suave y secreta de Dios no siempre se escucha con facilidad, y así nos alejamos de todo el gran plan que a hecho Él de nuestra vida.

El católico, por esto, debe de estar en constante observación, contemplación y meditación de aquellos mensajes que Dios valla dejando en su alma, para poder así discernir el llamado que le esta haciendo Dios: la invitación a una vida nueva, única e infinitamente feliz. Porque al final, es eso lo que Dios quiere: nuestra felicidad.

En un mundo donde la oración, la escucha y el silencio son cosas subestimadas, se hace imperante que el hombre voltee sus ojos a Cristo y aprenda de su desierto, de su meditación, de su oración y de su sacrificio con los cuales buscaba escuchar la voz de su Padre, quien le invitaba a seguir el camino que Él le había trazado, y de su actitud de confianza y de abrazo al Plan Divino.

Igualmente hemos de tomar el ejemplo de nuestra Santa Madre, quien con confianza escuchó la voz del ángel y recogió en su corazón los pequeños mensajes que le dejaba Dios en los otros, y que por estos conoció la voluntad de Dios y la siguió hasta el fin, a pesar del dolor, de la incertidumbre y las no pocas dificultades que supuso este Plan.

Cristo mismo dijo que su carga no es pesaba de llevar, pero tampoco negó la realidad de la cruz y el sacrificio y valor que esta requería, ademas, por supuesto, de su importancia.

Es necesario, si, que el católico se ponga en actitud de escucha ante lo que Dios quiere de Él, pero es mas importante aun que el joven se empeñe en entender este plan que Dios le ha preparado, que se lance sin miedo y con confianza al abismo del seguimiento de Dios, pues en este encontrará el camino hacia su plenitud.var, pero tampoco negó la necesidad de la Cruz. ¿Cuántas veces no es nuestra cruz aceptar la voluntad de Dios en nuestras vidas, a pesar de los planes, a pesar de los deseos? Y sin embargo, sabemos que en Él encontraremos una carga fácil de llevar con su ayuda.

Recemos por que los jóvenes no inunden de mas ruidos sus vidas, si no que la llenen de la silenciosa, tranquila y confortable voz de Dios siempre susurrante al corazón del hombre. Que por medio de la oración descubran su lugar en la Iglesia y su propósito como hijos adoptivos de Dios.

Queriendo en Cristo muchas mas vocaciones, y santas vocaciones para su Iglesia en los distintos estilos de vida que existentes, ruego por nuestro discernimiento.