Ideas sobre la Teología del Cuerpo I

De los fundamentos de la familia cristiana, audiencia general del 5 de Septiembre de 1979.

La familia es una comunidad de vida humana y cristiana fundamental. Su naturaleza es ser  unión, compañía, y su fin es el bienestar del hombre como ser social y como ser religioso. Su carácter está definido desde el principio: en el plan divino se dispuso la complementariedad de los cuerpos y de las almas, hombre y mujer los creó (Gn 2, 4) y la indisolubilidad de su unión, serán una sola carne (Gn 2, 24).

Esta es la disposición original a la que se orientó al hombre, no como una norma legal, sino como la culminación lógica del plan divino. Su tono normativo deviene de las palabras de Cristo a los fariseos, lo que ha unido Dios, que no lo separe el hombre (Mt, 19, 6), pero sólo se entiende en el contexto completo de sus palabras. Al contestar a los fariseos, Jesús no se remite a una serie de normas establecidas, como lo serían los pasajes de Deuteronomios, Números o Levítico, sino a una disposición original: en el principio (Gn 1, 1). Todo trasfondo necesario para comprender sus palabras se encuentran encerrados en el hecho de que Dios dispuso al hombre para vivir como complementos.

El orden mismo de los acontecimientos donde se vislumbra esta disposición es importante para comprender la normación.

  • Dios crea al hombre. De un acto de amor desbordante viene la existencia, y Dios se coloca a sí mismo en el centro como orden y medida de lo creado. Cuanto existe, existe por Él y para Él, pues hacia Él se dirigen todos los caminos.
  • Los crea a imagen de Dios. El hombre no es el resultado de un experimento, sino de un moldeamiento. Tiende al bien por su semejanza a Dios, y también puede optar al mal por esa misma semejanza. La libertad del hombre es absoluta como absoluto es el Amor. Así pues, el hombre descubre su medida en el Amor que crea, que comparte y que se deja compartir.
  • Hombre y mujer los creó. Crea a la humanidad con la potencialidad de vivir la afinidad y la complementariedad. No es una cuestión de costumbres sociales que establecen límites entre lo masculino y lo femenino, sino algo más profundo que nos hace entregarnos de formas diversas, pero complementarias, y que nunca se limitan a los roles establecidos por lo social.

Este orden establecen la naturaleza del hombre y de sus experiencias: es un ser creado, creado a imagen de Dios y creado para la unión con las demás creaturas y con su mismo creador. Es de esta realidad desde la que se debe estudiar toda relación entre humanos, y por eso no puede agotarse en uno  u otro tipo de expresión.

Así pues, de esta primera audiencia se pueden desprender los siguientes puntos:

  • La familia humana, entendida desde la cosmovisión cristiana,  es una comunidad de complemento que nace de la unión de los cuerpos y las almas que pasan a ser una sola, y que desbordan el amor creador de Dios. Esa es la raíz principal de la familia y sobre ella se construye su idiosincrasia, y se santifica en el sacramento matrimonial.
  • Esta definición puede “agotar” el carácter del matrimonio como sacramento, pero no la totalidad de las experiencias humanas, que sin embargo deben interpretarse a la luz de estos principios.
Anuncios

Sean asombrosos

Original en BadCatholic.

Católicos, sean asombrosos en lo que hacen. Tengo algunas experiencias que otorgan un sentido de urgencia a este mensaje. Primero está una columna que leí en un periódico católico. El periódico era una publicación decente, creo, lo suficientemente decente para mantenerse en circulación en una era en la que pocos leen los periódicos, así que quedé impactado (y horrorizado) por leer la columna de apertura a una columna que, para cualquier efecto práctico, era ridícula. No puedo hallar el periódico, así que no puedo hacer ninguna cita directa hasta no encontrarlo, pero su estructura ha quedado labrada a fuego dolorosa y profundamente en mi memoria. Era algo así:

“Todos están asustados de algo. Ya se trate de perros, aviones, o lo que sea, estas cosas pueden ser de miedo. Algunas cosas nos asustan mas que otras…”

Y así continua. Dejaré la profundidad de esa tinta ahí. ¿Estoy diciendo que debes de ser un buen escritor para escribir? ¡No! ¿ Estoy diciendo que Dios solo agradece un trabajo bien escrito? ¡No! ¿Estoy diciendo que si estas escribiendo para una publicación católica tendrías que entender que tu eres, en un sentido literal, un embajador  de la Iglesia, y que como tal tu deber es sobresalir en tú trabajo, hacerlo lo mejor posible para que así la verdad y belleza de las enseñanzas de la Iglesia puedan ser reveladas por el y no obstaculizadas por el? Si.

Después, y creo que fue el mismo día,  o quizás día después, nos burlábamos unos amigos y yo de los tele-evangelistas y de los infomerciales de salvación. (En realidad este es un glorioso pasatiempo. Consigue unos cuantos compañeros ligeramente católicos al menos, encuentren un infomercial, lleven unas botanas, y empieza, con voz recia, a explicarle al televisor el concepto de “fe sin obras es una fe muerta”. Hm, tengo en mente un nuevo juego católico de bebida – tomas un trago cada vez que una evidente herejía es proclamada. “Todo lo que necesitas hacer es llamar ahora, recibir la oración de salvación, ¡Y TU SERÁS SALVO!” “¿De nuevo? Necesitaremos más whiskey a este paso…) En algún punto, a mitad de esta alegría, tropezamos dentro de una canal de música cristiana, pero no caímos en la cuenta de esto por un rato. Esto fue porque el programa consistía en prolongadas “tomas hermosa” (beauty shots), que se convirtieron en poco inspiradoras palmeras, junto con versos-sello bíblicos que aparecían y desaparecían, que claramente obtuvieron animación de Powerpoint, todo preparado para los Casting Crowns. Y este pensamiento golpeó mi mente con brusquedad, mientras adivinábamos en medio de cual palmera aparecería el siguiente mensaje bíblico, y si sería o no Juan 3: 16, pensamiento que me decía que yo podría ser un no creyente que dio por casualidad con este canal. Y si para nosotros como católicos practicantes resultaba difícil observar el hermoso mensaje del Evangelio entre tanta palmera, me pregunté que tan difícil sería para aquellos no creyentes.

¿Estoy diciendo que tienes que ser un buen camarógrafo para filmar? ¡No! ¿Estoy diciendo que no hay nadie ahí afuera que pueda ser tocado por ese mensaje? No. ¿Estoy diciendo que tu eres un ministro con el potencial de llegar a miles de miles de personas alrededor del mundo, tienes el deber afilar y aprender tu trabajo, para así poder revelar la verdad y belleza del Evangelio, y no obscurecerla? Si.

Hay una noción en el ministerio y en el trabajo espiritual que va más o menos así: “Haré lo que sea. Y Dios hará con ello lo que quiera.” Para ciertos usos, es verdad y he escuchado la defensa de esta idea con los versos de la Biblia “no te preocupes por lo que dirás. Solo di lo que se te indique en el momento, pues no eres tu quien habla, si no el Espíritu Santo.” El trabajo de nuestras manos simplemente no ganará mucho al final, y si nuestra película, nuestra banda, nuestro blog, o ministerio, o escritos, si cualquier cosa de esto logra tener algún efecto en el mundo, todo agradecimiento es debido a Dios. Pero para un mayor uso, es una noción estúpida.

Dios nos dio el intelecto y la racionalidad. Dios nos dio nuestras destrezas y talentos, nuestros dones y habilidades. ¡Hacer una frasecilla de pacotilla y decir “Dios hará con ello lo que quiera” simplemente no tiene sentido, pues nuestro Dios hace algo desde el principio! Como cristiano, el no preocuparse por aprender y sobresalir en tu trabajo es no invitar a Dios a entrar en el. Hacer música banal, columnas flojas y programas eclesiásticos liderados por personas que “simplemente no saben nada, pero tienen un corazón lleno de amor” es estúpido. Ese verso, Mc 13: 11, en realidad dice “Si fueras arrestado y llevado a juicio, no te preocupes por lo que dirás…” Eso es un serio indicador. Así que a menos que la plática que le estas dando a tu grupo de jóvenes es sobre ser detenidos en la Corte Federal, o por un grupo de violentos anti-católicos, entonces deberían estar preparados y sería fantástico el consejo.

Y ahí esta la cosa: Las cosas que hacemos deberían de ser fantásticas. No somos cualquier persona, ¡somos católicos! Lo que hacemos es un reflejo de nuestra Iglesia, ¡y ella es la única cosa sana que queda en el mundo! Busca la excelencia entonces, glorifica a Dios utilizando cada gota de talento que Él te ha dado, pues en verdad creo – ahora mas que nunca – que nuestra Iglesia necesita reafirmar que hemos traído al mundo la mejor literatura, música, arquitectura, arte y vida que tiene. Y que seguimos haciéndolo.

Yo necesito este consejo tanto como cualquiera, para resistir la urgencia – cuando estoy cansado y flojo – de decir “Dios hará lo que quiera con este post”. Por favor, todos, vallan sobre sus ministerios, sus blogs, su música, su página web, su arte, sobre lo que sea que hagan por la Iglesia y háganlo asombroso. Sé que pueden. Porque si nuestra Iglesia es realmente tan genial como decimes que es, entonces nuestros intentos por transmitir eso, si son auténticos, serán grandiosos también.