Amar en el Valle de Lágrimas

“Dios es Amor”. Si amamos, amamos en Dios. Es a Dios a quien damos a través de nuestro amor. Porque Dios es amor es que el amar es la más alta misión del ser humano, y él es capaz de amar porque está hecho a “imagen y semejanza” de Dios, es decir que tiene la capacidad de amar. En cierta forma, el hombre es Dios (o divino) en la medida en la que ame.

Entonces la medida del amor del hombre es Dios, y “no hay amor más grande que de aquel que da la vida por sus amigos”, y Él entregó a su propio hijo para la salvación de todos los hombres, a los que llamó amigos. Su amor sin medida es la medida de nuestro amor, y por tanto nosotros debemos entregarnos por la salvación de todos los hombres pues eso es amar sin medidas.

Nuestro amor es una cruz que nos impulsa a buscar la salvación de las almas. Y esa misión es semejante a la de Cristo en cuanto a que no miramos pecados, ofensas, debilidades, fallas, etc.; sino que solo vemos el corazón de los hombres, un corazón hecho por Dios y para Dios,  y que no reposará sino hasta estar en Dios. Nuestra misión es llevar ese Amor a todos los hombres. Amar con ese fervor. Entregarse con esa radicalidad. Ser para los hombres, vivir para servirlos, amarlos y buscar su salvación.

Pero amar es la más difícil de las acciones del hombre precisamente porque es volverse divino. Amar con locura, amar como Dios, es abandonar todos los prejuicios, desprenderse de los gustos, olvidar el orgullo y adoptar la indigencia del hombre con el mismo amor con que Dios adopta nuestras propias miserias. Por eso primero veo mi interior y reconozco mis culpas, las entrego a Dios y dejo que Él actúe sobre ellas. Luego mira a mis hermanos, reconozco sus culpas y las entrego a Dios para que él actúe sobre ellas de formas que desconozco. Así yo amo como Dios ama. Así es el verdadero amor del cristiano. Así no modelo mi amor según mis deseos sino según los de Cristo.

Así se ama en el Valle de Lágrimas, en la tierra de los desposeídos: con locura, sin reservas. Los defectos no lo afectan, los pecados no lo disminuyen. Las almas brillan en los ojos del amante porque el Amor de Dios las transforma, y amarlas es entregarlas a ese Amor.

Así se ama en el Valle de Lágrimas: dando la vida por los santos y los pecadores. Viendo a Cristo en cada rostro. Como Dios ama a sus hijos pródigos.

The Return of the Prodigal Son

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