Luces de la Cruz

La Semana Santa resulta, para todo aquel católico que, con sinceridad y humildad se acerque a sus aguas, una fuente de gracias y luces espirituales maravillosas y únicas. Ya sea que lo vivas en tu casa, con el fervor debido; misionando o con grupos apostólicos o quien mas lo necesita, allí se puede encontrar la belleza del amor divino. Un amor que se entrega, que no se cierra en si mismo si no que se da a los demás, y que se da hasta el extremo.

Encontramos en esta semana, además, las mas bellas figuras de nuestra fe, las muestras de confianza mas grandes, los dolores mas profundos y sangrantes, y las muestras de compasión y amor mas excelsas de toda la historia de la Iglesia. Un suceso único que cambia la vida del mundo, cambia los aires de tempestad y abre un huevo en un cielo cubierto de nubes negras. Un suceso que, además, se lleva a plenitud con la resurrección de nuestro Señor, la victoria final de nuestro amado Dios sobre la muerte y el pecado.

Meditemos los frutos que esta semana nos ha dejado a cada uno de nosotros, y busquemos el agua para cultivar las semillas que hemos recogido en el camino del Calvario y de Emaus.

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