El campo de la Cuaresma

“La semilla que cayó en tierra buena, es aquel que oye la Palabra y la comprende.” Mt 13, 23

La conversión es como una pequeña semilla que necesita del cuidado y del agua que el sembrador le ofrezca. El cuidado es la vida interior, la oración que prepara a la semillita para las inclemencias del tiempo, mientras que el agua son los sacramentes y los sacrificios que alimentan el germen para que pueda desarrollarse plenamente; los frutos vendrán siendo el amor que nacerá en nuestros corazones por la fe que hemos  cultivado en nuestras almas.

El Miércoles de Ceniza es como la siembra de la semilla, cuando se lanzan los granos de la conversión para que sean cultivados; la Cuaresma es como el ciclo del crecimiento del grano, donde se suministra de cuidados y de agua fresca a la semilla para que pueda ser digna de la comida. Una temporada de siembra descuidada, sin alimento, es como sentenciar al sembrador a morir de hambre. Por eso, la Iglesia nos propone estos 40 días para alimentar nuestra alma con los frutos de esa semilla, para crecer en nuestra fe. Nos da tres herramientas principales: la oración, el sacrificio y la caridad.

La oración es un dialogo con Dios por medio del cual desarrollamos una relación personal con Cristo. En ella encontramos el consejo, la ayuda y, por sobre todo, el Amor de Dios, que nos espera en el silencio de nuestras almas para confortarnos de nuestros males.

El sacrificio nos lleva a dominar nuestras inclinaciones al mal, a la propia satisfacción y hacia el egoísmo de nuestra alma. Es una herramienta que nos sirve para ejercitarnos en la negación de nosotros mismos, el único camino por el que podemos llegar hacia Cristo. Es una manera de alivianar nuestras cruces, al retirar de encima todas nuestras inclinaciones al egoísmo, al considerar como prioritario el bien de los demás, lo que nos lleva a un amor mas grande.

La caridad es el fruto de nuestro amor hacia Cristo, pues el amor no se encierra en si mismo, si no que busca darse a los demás. Como Cristo, quien por amor a su Padre y por amor a los hombres se entregó en la cruz, así el cristiano busca entregarse a los demás en sus propias cruces, soportando los defectos ajenos, ayudando a los necesitados, dando el propio tiempo para que el tiempo del otro sea mas dichoso.

Mañana iniciamos este periodo de conversión para tener nuestras almas preparadas para la ciega del campo, cuando el dueño de la tierra venga a reclamar sus frutos. Hemos de preparar nosotros ese suelo, de procurar esas semillas y de cultivar los mejores frutos para que estos sean dignos del señor del campo.

Es momento de empezar el trabajo y de no quedarse perezosos bajo la sombra del tamarisco. Que se vea el espíritu de conversión en todo nuestro cuerpo, en nuestro actuar, en nuestro mirar. No dejemos que este campo de cultivo que nos ha legado nuestra Santa Madre Iglesia quede esteril.

Dios mediante, que tengan una penitente Cuaresma.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s