Y en el mundo hemos de andar…

Inicio de clases, nuevamente. Las cosas van acomodándose lentamente en su sitio, los maestros te empiezan a informar de que es momento de olvidarse de tu vida social y concentrarte en tus estudios, tu cuerpo se lamenta por las mañanas ante la idea de no disfrutar de un buen sueño y tu estomago gime ante la perspectiva de una mala alimentación o, al menos, del inicio de las comidas a deshoras.

Si, así es el ajetreo del mundo para muchos, y sin embargo, queda un espacio vacío, algo que no solemos percibir, pero que pide la misma atención que todos los anteriores, y quizás mas….

Y llega ese momento, estas inusualmente solo, en silencio, y escuchas la voz. Una voz distinta, madura, quizás irritada o un poco triste. Y te pide una sola cosa, e incluso si no entiendes sus palabras, tu cerebro las transforma en acciones. Y sin darte cuenta, estas hincado, ya sea en tu cuarto, en una iglesia (a la que por cierto, no advertiste que entraste) o donde sea, pero estas hincado, en silencio y escuchando la nada.

Entonces, caes en la cuenta. Hay un Dios allí afuera, hay un Hombre que no es como ningún otro hombre, un corazón que ama como ningún otro, un amigo que acompaña sin traicionar. Y te das cuenta, y lo escuchas, y deseas hablarle y permanecer con Él. Pero entonces, llega la sombra una vez mas: el mundo reclama tu tiempo. Y a partir de ahora, tendrás que dividirte para poder mantenerte al día con los deberes, con el trabajo, con la familia y los amigos, y de pronto te das cuenta de que solo podrás estar con Él los fines de semana (con suerte), y de que tienes sed de mas, de conocerle aun mas, de tenerle más cerca…

Pero Él no abandona, Él no se muda, Él no engaña… Y cuando menos te lo esperes, veras a un pobre en la calle, a una anciana atareada con las bolsas, a una mujer embarazada que necesita un descanso, a un amigo que sufre en silencio y en soledad, un anciano que desea una simple palabra, un niño que no encuentra consuelo….y será entonces cuando Él se dejara encontrar en aquellos que nos rodean, por que al final de todo, somos simples caminantes de un mundo necesitado…

 

 

 

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