Lo que pido para este 2012…

…es ser mas distraído de lo que actualmente soy.

Si algo he aprendido en este ultimo año acerca de mi propia persona, es que soy un ser altamente distraído, y que eso es uno de los grandes dones que Dios me ha dado.

Me distraigo en muchos lugares y muchas circunstancias: en la escuela, en exposiciones, mientras leo, cuando platico, rezando, durante misa… En fin, mi vida es una distracción, para dejarselos fácil. Y si, me ha traído muchos problemas (y si no me creen, pregunten por mis calificaciones de los últimos dos semestres), pero me ha permitido notar muchas cosas de mi vida, y para dejar de dar tanta vuelta, me concentraré en una de especial importancia y que tiene que ver con otro defecto de mi persona: la distracción en la Sagrada Misa.

Y dirán “¿cómo puede ser una bendición distraerse en Misa?”, pues bueno, les diré como. 

Seguramente ustedes han estado en mi situación o alguna parecida: llegan a Misa totalmente preparados, dispuestos a escucharla con fervor, a participar activamente en ella y a vivir la trascendencia y la magnificencia que encierra. De repente, como un susurro venido de lo profundo, vas notando algo raro, algo para lo que no estaban preparados… ¡APLAUSO! ¡Si, aplausos! Y empiezan a observar de un lado para el otro, ven al que tienen enfrente y al que tienen a lado, y notan como todos están felizmente aplaudiendo a la par de los cantos del coro (muy estrafalarios para tu gusto, por supuesto). Pero bueno, bajas la mirada entonces, y rezas en tu interior, complaciendote de no ser como ellos, de estar mas preparado, de apreciar la liturgia mas, y mil y un otros posibles disparates.

Bien, termina el canto y continuas tu con tu Misa. Ahora si, quieres prestar atención, estas en tus 5 sentidos, estas viviéndolo realmente; y desde los rincones mas oscuros del recinto, escuchas el cuchicheo de un par de señoritas, o señoras, o incluso dones (o a quien prefiera poner), y empiezas a rezongar para tus adentros, quejandote del ruido, de la imposibilidad de rezar en esas condiciones, de la mala educación que demuestran, y bla, bla, bla.

Pero bueno, llega el momento del Padre Nuestro, tu bajas tu cabeza con la intención de rezar fervorosamente a Dios, cuando escuchas las benditas palabras “Ahora, tomémosnos de la mano para rezar a nuestro Padre…” ¡ INCREÍBLE! -te escandalizas, por supuesto- No puede ser que un sacerdote este fomentando comportamientos tan impropios, y mas ataque por aqui, y uno que otro refunfuño por allá. Para dejárselas corta, te la pasaste toda la Misa en todos lados, menos en el Altar, allí acompañando a Cristo durante el memorial de su sacrificio.

Y bueno, como notaran, parece mas una maldición que una bendición ¿o no?, pero allí es donde siempre, cuando menos nos lo esperamos, busca Dios como colarse para hacerse oír en nuestro interior. Es en ese momento cuando nos enseña y nos lanza el balde de agua fría que a veces tanto necesitamos para despertar del sueño de nosotros mismos. Pues es que estas discusiones interiores con mi alter ego siempre llegan (o al menos en muchas ocasiones) a las mismas conclusiones que continuación explicaré.

De todo eso, y de escenarios parecidos y muy dispares, Dios me ha enseñado dos grandes cosas: Primera, me ha dicho, con bofetada incluida, lo siguiente “¿Qué estas haciendo por ellos?”, y cuanta razón a tenido. Pues como habrán notado, y quizás como habrán vivido, durante esas situaciones se hace de todo, menos ser cristianos, pues nada cuesta acercarse y hacer una recomendación, señalar un error, y con amabilidad y humildad, aconsejar una enmienda. Pero como siempre, lo mas fácil es lo que hacemos, y lo que hacemos no es precisamente el mayor bien y lo mas santo. Bien me decía un amigo “No puedes corregir a quien no has enseñado”, y poco que puedo enseñar cuando no hay en mi ese espíritu de caridad y deseo de ayuda hacia los demás.

Y la segunda cosa que me ha enseñado, es que no puedo amarle a Él con total entrega, si primero no amo a mis hermanos. Y, por supuesto, ese amor se traduce en ayuda, en el ámbito que lo necesiten.

Cuantas veces tenemos la oportunidad de corregir a un hermano que yerra, pero no lo hacemos por amor propio, por miedo a las habladurias, o por simple comodidad. O caso contrario, cuantas veces, con el deseo de ayudar, terminamos causando mas daño por no poder controlar nuestras pasiones. En verdad, la sabiduría de Dios es grande, si de mi mal logra sacar luz para que yo entienda donde esta el bien.

Ahora, y si no me expliqué  correctamente, resumo diciendo que Dios me ha dado esta mente difusa por una razón, pues desde mi distracción me ha enseñado caminos que no había transitado antes, y que sin embargo son imperativos en mi peregrinación. Así pues, hago una atenta invitación: no teman a sus defectos, pues Dios es capaz de escribir recto en renglones vacíos, y si ponen de su parte y prestan atención a sus indicaciones, podrán transformar sus propios defectos en herramientas de cultivo para las virtudes.

Así pues, no teman hermanos, pues seremos fuertes en Cristo en la medida de nuestra debilidad y de nuestra entrega.

Que tengan un buen inicio de año, y que el Espíritu crezca vigoroso en sus almas.

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