Dolor cristiano

Stabat Mater Dolorosa luxta crucem, lacrimosa, dum pendebat filius.

Creo estar en lo correcto al decir que ningún hijo soporta ver a su madre llorar amargamente ante la pena. Y sin embargo, nosotros hacemos llorar a nuestra Madre en el Cielo con cada espina que clavamos en su amadísimo hijo, nuestro Hermano y Señor.

Y sin embargo, ella y Él nos aman profundamente y sin medidas. Desde la eternidad y el infinito, su amor es un medio de santificación para nuestras vidas.

Muchas veces nosotros sufrimos por variables causas de la vida. Por la pérdida de un familiar, por la ausencia de una amistad, por crisis económicas, etc., y en pocas ocasiones nos detenemos a pensar en la naturaleza de este dolor y en los grandes beneficios que nos puede traer.

Tomemos el ejemplo, nuevamente, de nuestra Santa Madre. Ella sufrió y valla que sufrió. Vio a su amadísimo hijo, aquel libre de culpa, morir por la redención de todos nosotros. Puede que en su momento no lo entendiera pero no dudo jamás de Dios. Siempre tuvo las cosas bien claras y las dejó bien resumidas en estas palabras: “Hágase en mí según su Palabra”. Sí, es posible que se preguntara, que se enojara ante la impotencia de no poder hacer nada; pero siempre estuvo esa respuesta sincera y llena de fe.

Igual lo podemos ver en el Hijo. En esa entrañable escena en el Huerto de los Olivos donde Cristo sufrió. Sintió miedo y pidió a su Padre, si era posible, que le librara de ese cáliz, pero seguidamente reafirmo su deseo de seguir la Voluntad del Padre. ¡Y valla compromiso! Dar la vida y llegar a la muerte y una muerte de cruz no es algo que se vea todos los días.

Ahora, poniendo nuestra vida a la luz de estos hechos, no es si no inevitable observar que muchas veces nos dejamos llevar por el dolor que vivimos. No vemos más allá del nuestro sufrir y nos cerramos de manera necia al sufrir de los demás. Perdemos así el sentido de nuestra fe que nos mueve a desvivirnos por los demás aun a costa de nuestro propio bien, e inclusive a abrazar este dolor con alegría por ser medio de santificación de nuestros hermanos en la fe.

Seamos, pues, hermanos como la Madre doliente frente a su hijo injustamente castigado pero que acepta la voluntad de Dios para el bien de la humanidad; o como el Cordero sacrificado que da la propia vida en reparación de nuestros pecados. Unamos nuestros dolores y penas a la cruz de Cristo y démosle un verdadero sentido cristiano desde allí. Suframos, pues, con verdadero deseo de ayudar a los demás a través de este dolor.

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Un comentario en “Dolor cristiano

  1. Sonará superfluo pero me apena la gente sin problemas y sin dolor, es como una obra con personajes simples, donde nada es malo, pero no hay con qué compararlo para decir que es bueno
    El dolor nos recuerda que seguimos vivos

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